Anna Jonsson

Artista

sobre la artista

Anna Jonsson (1961), nacida en Skelleftea (Suecia), reside desde 1982 en Sevilla, a dónde llegó para realizar sus estudios de Bellas Artes. Desde ese momento es una artista con fuerte vinculación a esta ciudad, en la que ha desarrollado buena parte de su carrera, dejándonos obras como la escultura homenaje a Clara Campoamor que desde 2007 forma parte del espacio urbano en la Plaza de la Pescadería.

Anna es una artista multidisciplinar, pero es la formación escultórica, base de toda su obra, el armazón sobre el que ha construido y ampliado a lo largo de los años un trabajo muy personal, que abarca desde la escultura al campo audiovisual y escenográfico, y que se ha cimentado especialmente en el terreno de la video-creación, la producción de espectáculos performáticos y la danza. Obras expuestas y representadas en galerías y ferias nacionales e internacionales avalan su trayectoria.

Durante los años 90, su obra se centra en la creación escultórica, y es a principios de 2000 cuando comienza a relacionarse con el mundo de la danza. A través de la creación audiovisual, en la que continúa trabajando, expande su particular universo y comienza lo que será una fructífera relación tanto en video como en sus espectáculos en vivo.

Muestra de todo ello son los proyectos realizados con su Compañía Torettan Produktion, fundada en 2006, que debuta con su obra Yo y mis niñas adultas, en el 24 Kvadrat de Gotemburgo, primera obra en la que se hace cargo de la dirección integral del espectáculo. Una evolución de éstos pudo verse en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo con Del cerdo se aprovechan todos y en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, en la sala Manuel García con El cabrón más fuerte.

Textos Críticos

CARRERA DE FONDO

Jugando también con los esteriotipos y clichés femeninos, pero con otra óptica, contamos con algunas obras de Anna Jonsson, una artista sueca residente en Sevilla desde hace muchos años. Escultora y creadora de objetos, construye sus personajes femeninos-pues las mujeres son siempre sus protagonistas- con una muy personal imaginería que, proviniendo en muchas ocasiones de mitos, leyenda tradicionales, cuentos y fábulas, o historias religiosas, sabe imbuir de una propia y originalidad expresividad, ingenio e imaginación, con unas descaradas y divertidas actitudes que vienen a dar un toque irónico- lúdico a las situaciones que evoca, alas escenas que interpreta y las relecturas que efectúa. Este último caso es el de sus dos obras de libre interpretación iconográfica religiosa de dos conocidas santas locales sevillanas, Santa Lucía y Santa Ágatha, ambas mártires cristianas, a quienes en el martirio les fueros arrancados, a la primera los ojos y a la segunda los pechos. Estas dos piezas que llevan los nombres de las mencionadas santas suponen unas versiones absolutamente corrosivas, en tono humorístico, de la iconografía femenina del santoral católico en el cual la castidad, la pureza y el rechazo a la “tentación del pecado” han impregnado las biografías de las mártires, santas y beatas. Unas mujeres que pasaron ala historia religiosa precisamente por ese cúmulo de “virtudes” piadosas que les permitían conservarse castas y puras, y que impregnan todos ese conglomerado de caracterizaciones de lo que la iglesia católica suponía que era, y aún es, “la feminidad bien entendida” o “los modelos femeninos a seguir”.

Por otro lado Jonsson nos presenta otras dos obras escultóricas de las mismas características técnicas y tono lúdico-irónico, para acercarnos alas mujeres de a pié, a la amas de casa-por ende casi todas las mujeres, tengan sólo esa o también otra jornada laboral fuera del hogar-, y determinados tipos de madres demasiado protectoras y posesivas con sus hijos. Así podemos observar, su espléndida La equilibrista,  una mujer representada como una abeja, vestida con los mismos colores amarillos engarzados en anillos negros, y, manteniendo en equilibrio sobre su cuerpo una multitud de objetos domésticos diferentes, alimentos, niños y animalitos como el conejo. Un animal este que dentro de nuestra cultura, y de la simbología psicológica, como aqui en esta escultura, hace alusión a la fecundidad y fertilidad femeninas y al deseo sexual, pero que según la propia artista menciona tiene varios significados dependiendo de la cultura de la que estemos hablando.

El conejo, como en muchas ocasiones otros animales de los que gusta utilizar la artista, se incorpora con su simbología occidental a esta escultura. Una obra que plantea los enormes esfuerzos y equilibrios que las mujeres, en general, hemos de realizar para poder llevar a cabo todas las tares y todos os trabajos que socioculturalmente han sido impuestos a las mujeres, y mucho má si se trabaja fuera de casa.

Por otro lado, podemos ver una corrosiva y divertida obra titulada La carcelera aludiendo a la maternidad obsesiva y posesiva de los hijos, ironizando sobre la superprotección que algunas madres ejercen sobre sus hijos, convirtiéndose en “carceleras” de los mismos.

LA COSTILLA MALDITA

Anna Jonsson ( Skelleftå, Suecia, 1961), artista sueca residente en España, concretamente en Sevilla, desde hace muchos años, viene realizando un original y personal trabajo escultórico, basado técnicamente en la tradición artística del barro cocido policromado, con el que crea, sin embargo, unas innovadora y contemporáneas iconografías en torno a las identidades femeninas y de las situaciones de las mujeres en la sociedad y en la cultura.

Las mujeres son siempre las protagonistas de sus historias, a las que presenta en diferentes roles y actitudes, reflexionando sobre determinados aspectos de la feminidad impuesta, así como sobre la exteriorización de las sensaciones, sentimientos, sueños y deseos. Y cuando hace acercamientos al amor, se posiciona desde planteamientos a la vez críticos y humorísticos de la dependencia y la necesidad femenina de él, planteándolo como una drogodependencia, una necesidad obsesiva, un desgaste que lleva a las mujeres al agotamiento, al aletargamiento, casi a la aniquilación en su trabajo escultórico La dama de corazones. Una obra en colores vivos, como todas las suyas, de clara referencia a los juegos de cartas en los que el azar y la suerte son ingredientes importantes en las jugadas, y cuyo sentido traslada al amor, y la posibilidad de tener suerte en él como uno de los ideales de la “feminidad”, de encontrar “el amor verdadero y para toda la vida”.
Una dama de corazones parodiada como una yonqui del amor, una drogodependiente que no puede vivir sin estar enamorada, trasformándose casi en una enfermedad, en un vicio. de ahí esa figura tumbada, exhausta, cubierta de decenas de corazones rojos, como una sobredosis amorosa, y con un rostro a mitad de camino entre el agotamiento y el éxtasis, entre el placer y el sufrimiento.
Anna Jonsson efectúa incursiones hacia los roles socio-culturales de las mujeres y las representaciones femeninas con un espíritu crítico y una fuerte carga corrosiva, pero sin hacer uso en ningún momento de tonos grandilocuentes y dramáticos, y con grandes dosis de sentido del humor.
Ella construye sus personajes femeninos, tanto por el tipo de representación, por los colores vivos empleados y la narrativa utilizada, como si estuviesen extraídos de cuentos e historias infantiles y juveniles, muchos de la tradición nórdica, no en vano ella ha nacido y se ha educado en esas latitudes. Chicas muy blancas, jóvenes enamoradas que caen encantadas o en sueños profundos, y otras veces rodeadas de animalitos, e incluso ellas mismas transformadas en animales como por encantamiento. En este último sentido es en el que podemos intagrar dos de sus obras Back to the future y Exit. Dos piezas que aluden a la maternidad desde sus habituales estrategias periódicas. Efectivamente Exit es una obra precisa y contundente y ala vez absolutamente cómica que nos produce saludables carcajadas. Una gallina nos es presentada mientras pone un huevo, pero la postura y los gestos de su cara son las de una mujer parturienta, con cara de esfuerzo, apretando todas sus ganas. Una mujer transformada en animal, en gallina, cuyas funciones fundamentales son alimentarse y producirse para conservar la especie.
Anna Jonsson también nos muestra esa visión que entiende la maternidad como una función de todas las mujeres, de una forma indisoluble, como principal, igual que una gallina, como si no hubiese escapatoria, como si no fuese una opción libre y voluntaria, porque los roles de la feminidad parece que lo exigen, y a la que no es madre se le pregunta ” a que está esperando que se le va a pasar la edad” o se entiende que es una “rara” o “excéntrica”. Pero también la maternidad vista como obsesión por el cuidado y atención de los hijos, como un estar encima de ellos, e intentar tenerlos controlados en todo momento, en esta mujer-canguro con una bolsa en el vientre para llevarlos consigo en Back to the future.
Anna Jonsson indaga en imágenes femeninas preexistentes, para abrir nuevas vías de reflexión y de representación de aquéllas desde ópticas nuevas. Así hace un personal y particular acercamiento a la esfinge. En el antiguo Egipto ésta estaba masculinizada, producto de la idealización de algunas personalidades o divinidades con cuerpo de león, que representaba la fuerza y el coraje, y cabeza de hombre, como representación de la inteligencia, la conciencia y la participación de la divinidad. Sin embargo, según la mitología griega, es un monstruo con cabeza y pechos de mujer, cuerpo de león y alas de ave, y representaba la sabiduría. Y según la leyenda, esta criatura se agazapaba encima de una roca, y a los que intentaban entrar o salir de la ciudad de Tebas les proponía un acertijo, y al que no lo resolvía lo devoraba, hasta que apareció Edipo, el héroe, que respondió de forma certera y la esfinge se suicidó.
Una ogresa enigmática, sensual, e inteligente que mataba varones jóvenes ahogándolos, de hecho su nombre, esfinge, etimológicamente significa la que ahoga. Un abrazo mortal de esa mujer-animal misteriosa, que sería recogida por la literatura y las artes plásticas de finales del siglo XIX con tintes cláramente misóginos. Y es que la Esfinge iba a armonizar de forma ideal con la nueva estética de los simbolistas, seducidos por su exotismo, su naturaleza arcaica, sus connotaciones esotéricas y su fuerte potencial erótico […]. En la pintura simbolista la Esfinge será, pues, a menudo, identificada con la femme fatale”. Y. ahora, Anna Jonsson versiona ala Esfinge, decontruyéndola de sus atributos devoradores, enigmáticos y misóginos, y reconstruyéndola con nuevas ópticas en su obra La lectora. esta particular Esfinge nos es representada cercana, humana, y dulcificada, vestida con un traje blanco de lunares negros que incluso se mimetiza y cubre sus patas de león, con sus brazos humanos, que han sustituido a las alas de ave rapaz, y sus manos con las uñas pintadas, leyendo un libro, a la vez que llora. Una Esfinge muy diferente, sensible, emocionada, feminizada, a espaldas de las consabidas atribuciones de las representaciones misóginas.
Nadie quiere ver morir a su mamá.

De entre toda la gama de oscuridades que tiene el dolor, se dice y se repite que la pérdida de un hijo es la mayor y la más grande de todas las tragedias, poco se habla de la pérdida de una madre.

A menudo es el ritual (una vez más) la única salida posible. Como alternativa al duelo “Mi madre muerta” plantea un rito personal, que tiene que ver con cómo la artista plástica Anna Jonsson y su hija Greta García Jonsson entienden la tragedia, a menudo atravesada por el sarcasmo, y el humor negro. Cómo encontrar el humor en la pérdida, cómo reírte de la peor de las pesadillas, esa que sabemos que vamos a vivir, pero intentamos evitar a toda costa. Estamos hablando de La Gran Preparación y parece que todo lo que tiene que ver con madurar nos lleva a trabajar esa preparación de la pérdida de nuestros padres, en concreto de saber cortar el cordón con la madre. Esta pieza puede ser la forma en que lo enfrentan Greta y Anna (o la forma en que no lo aceptan).

La maternidad per se no es el eje de la propuesta, desprenderse de una madre en sí mismo no tiene por qué suponer una tragedia, no estamos haciendo ningún alegato a la maternidad universal sino a las nuestras, a las que tenemos el privilegio de querer y ser correspondidas. Más en concreto a Birgitta, la madre de Anna Jonsson y a la propia Anna como madre Greta.

En el escenario Greta frente a la escultura. La cosa viene de familia. “Mi madre muerta” es un árbol genealógico en sí mismo, donde una escultura de Anna Jonsson hace de la madre de Anna y de la madre de Greta a la vez como si de una especie de escultura vudú se tratara. Acariciarla, zarandearla o bailar con ella es hacerlo con las dos madres al mismo tiempo. Y con las madres de todos. Ritual otra vez. “Mi madre muerta” es una despedida.

Alberto Cortés

Página web

Catálogos

El Tigre en mí

obras

The last trip

Terracota policromado con temple al huevo y tela de peluche

120 x 52 x 70 cms

Al infierno

Terracota policromado con temple al huevo y aceite

32 x 11 x 15 cms

Algo anda mal

Terracota policromado con temple al huevo y aceite

23 x 11 x 7 cms

El zapato

Terracota policromado con temple al huevo y aceite

21 x 53 x 16 cm

Viktoria

Bronce

100 x 45 x 27 cm

Florence

Barro policromado con temple al huevo y aceite

51 x 31 x 25 cm

Lidia

Barro policromado con temple al huevo y aceite

50 x 40 x 30 cm

Lolita

Barro policromado con temple al huevo y aceite

40 x 35 x 20 cm

Cora

Barro policromado con temple al huevo y aceite

40 x 30 x 20 cm

Luna

Barro policromado con temple al huevo y aceite

52 x 37 x 35 cm

Eléktrica

Bordado a mano

130 x 97 cm

Amontonadas

Bordado a mano

48 x 48 cm

Liadas

Bordado a mano

130 x 97 cm

La Gulliver

Barro policromado con temple al huevo y aceite

180 x 65 x 25 cm

Las 40

Escultura blanda

Dimensiones variables

El cerdo

Escultura blanda

200 x 130 cm

exposiciones

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2020-12-23T12:08:23+00:00
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